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Seku, el antiguo (y muy vivo) deporte del pueblo indígena Ñuu Savi

Por Verónica Aguilar (Ñuu Savi, CS Staff)

Brinca una bola de fuego por el llano en la semioscuridad de la noche, que apenas empieza. Un golpe la hace brincar en otra dirección y atiza su lumbre. Vemos cómo se alarga el brillo de la brasa mientras avanza paralela al suelo. Se oyen gritos en sa'an savi, uno animando al compañero, otro pidiendo la pelota, otro más aconsejando hacia dónde tirar. A los gritos de los jugadores se unen los del público. Es usual que alguien termine con raspones; tal vez le pegaron con un seku en las espinillas, tal vez lo quemó la pelota al rozarle la piel, tal vez resbaló entre las piedras y perdió el equilibrio. Se podría decir que es un deporte peligroso, pero en las comunidades de Ñuu Savi que aún lo practicamos decimos que es hermoso y además único, especial entre los demás deportes.

El juego se llama seku ("torcido") en referencia al bastón con que se le pega a la pelota. Para fabricarlo, se escoge con mucha anticipación una rama de un árbol resistente, como el tuntoko o el tuiñu. La rama se moldea y se deja secar al sol por muchos días, antes del juego. Hay que tener cuidado de que el seku esté adaptado a la estatura y la fuerza del jugador; se recomienda que sea tan alto como su cintura y que él aguante cargarlo por largo tiempo mientras corre.

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La pelota también requiere preparativos: con anticipación, se cortan y dejan secar troncos del tusava, un árbol que en la temporada seca da flores rojas para que se alimente el colibrí. La madera es porosa y esponjosa, lo que sirve para que las pelotas resultantes se quemen despacio y sin apagarse. 

Como espacio de juego se elige un llano. Esta es la única especificación, tan necesaria en un paisaje montañoso. Por lo demás, el campo puede ser tan grande o chico como acuerden los jugadores y los organizadores. No hay medidas estandarizadas, porque no todo se tiene que estandarizar y porque hace unas décadas cualquier grupo de niños jugaba en algún llano, mientras cuidaban a sus borregos.

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Antes de empezar un partido de seku, se hace un ritual donde se le habla a la tierra; se le pide permiso para jugar, se le pide que nadie salga lastimado. Se riega mezcal alrededor y en el centro del campo. También se enciende un fuego donde se irán encendiendo las pelotas, una por una. Cuando una se pierda en el monte, se rompa o se haya consumido por el fuego, será reemplazada por otra. Para empezar a jugar, se coloca en el centro del campo una pelota encendida y desde ahí, todos a correr. El objetivo es llevar la pelota a la "portería" contraria.

El arqueólogo de Ñuu Savi Omar Aguilar Sánchez me decía que tal vez hubo un significado espiritual para el seku, especialmente por el uso del fuego. Sin embargo, no lo recordamos y no hemos encontrado quien nos confirme esta idea. Actualmente se practica como deporte, con torneos durante los días de fiesta, en muchas de las comunidades de San Juan Mixtepec. También se juega en Teposcolula y en Tamazulapam (Ñuu Savi). Y sabemos que los hermanos purépechas tienen un juego similar.

Posiblemente el seku sea un deporte cuya existencia está amenazada, ya que entre los lugares donde aún se juega hay largas distancias. Pienso que alguna vez se jugó en las comunidades intermedias de esta región de Oaxaca y se abandonó. Tal vez incluso se jugó en otros lugares del sur de México. Afortunadamente, se ha convertido en un símbolo de identidad en las casi 90 comunidades de San Juan Mixtepec y por ello se impulsan los torneos, con premios en especie o en efectivo. Ojalá que, a pesar del avance de la colonización, podamos mantenerlo y enriquecerlo en cada generación.

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